Hay balones que necesitan un nombre para ser reconocidos.

Otros no.

Para quienes empezamos a mirar el fútbol con verdadera atención a finales de los ochenta y comienzos de los noventa, basta con ver tres cabezas de león dentro de cada una de las veinte tríadas negras para saber de qué estamos hablando.

Italia 90.

Schillaci. Matthäus. Maradona. Baggio… Las noches de verano frente al televisor. Y un balón blanco y negro que todavía conservaba algo del diseño de los Tango, pero que ya tenía una identidad completamente propia.


Pero reducir su historia a Italia 90 sería quedarse solo con el principio.

Durante los años siguientes estuvo presente en la Copa América, en el primer Mundial femenino de la historia en 1991, en la Eurocopa de Suecia 1992 y en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Se fabricó en distintos países (Francia, España, Argentina, Brasil, etc) y apareció con diferentes serigrafías y colores (Etrusco Primo, Clasico, etc.) llegando incluso a dar nombre a botas y accesorios.

Más de tres décadas después, esas diferencias son precisamente las que hacen que hablar del Etrusco Unico resulte mucho más interesante de lo que parece.

Porque no existe una única historia del Etrusco.

Existen muchas.

Un balón diseñado para Italia 90

Cuando adidas presentó el Etrusco Unico en 1990 no rompió completamente con el pasado.

Su estructura gráfica seguía siendo reconocible para cualquiera que hubiese crecido viendo los balones de la familia Tango. Las veinte tríadas negras continuaban organizando visualmente sus 32 paneles al igual que su material sintético supuso una mejora sobre su antecesor (El azteca México 1986)

Pero dentro de ellas había aparecido algo nuevo.

Tres cabezas de león.

El nombre y la decoración estaban inspirados en la cultura etrusca, una de las civilizaciones que habitaron la península itálica antes de Roma. Los leones aparecían rodeados por motivos ornamentales de líneas onduladas que transformaban la geometría del Tango sin hacerla desaparecer.

Zoom de león tricefalo Etrusco    

Detalle de los tres leones inspirados en el arte etrusco, integrados en el diseño del adidas Etrusco Unico.

El resultado era relativamente sencillo.

Blanco. Negro. Sin necesidad de grandes superficies de color.

Y, sin embargo, inmediatamente reconocible.

Aquellas pequeñas figuras fueron suficientes para vincular para siempre el balón con Italia 90.

A veces, los grandes diseños funcionan precisamente así: no necesitan abandonar todo lo anterior para conseguir una identidad propia.

Un Tango por fuera, un paso adelante por dentro

El Etrusco Unico mantenía la construcción clásica de 32 paneles cosidos a mano: 20 hexágonos y 12 pentágonos.

Pero técnicamente también introducía novedades.

Una de las más importantes estaba precisamente donde nadie podía verla.

adidas incorporó una capa interior de espuma negra de poliuretano destinada a mejorar la impermeabilidad y la respuesta del balón, una solución que la propia marca identifica como una novedad en los balones utilizados en un Mundial.

Técnicamente, ya estaba avanzando hacia otra generación de balones.

Y probablemente ahí se encuentre parte de su personalidad: es suficientemente clásico para recordar su origen y suficientemente diferente para anunciar lo que vendría después.

Mucho más que Italia 90

Si preguntásemos a cualquier aficionado dónde sitúa al Etrusco Unico, la respuesta más habitual sería evidente.

Italia 1990.

Es lógico.

Fue creado para aquel Mundial y su imagen quedó inevitablemente ligada al torneo.

Pero su recorrido internacional fue bastante más amplio.

En apenas tres años apareció en algunos de los escenarios más importantes del fútbol de comienzos de los noventa:

Italia 1990 · Copa América 1991 · Mundial femenino 1991 · Euro 1992 · Barcelona 1992. 

Y cada una de esas competiciones fue añadiendo una nueva capa a su historia.

De Italia a Chile

En 1991 el Etrusco viajó hasta Sudamérica para la Copa América celebrada en Chile.

Argentina acabaría conquistando aquel torneo después de más de tres décadas sin conseguir el título continental.

El balón diseñado alrededor de la identidad de Italia ya empezaba a desligarse del Mundial para convertirse en algo más amplio: una familia de producto capaz de acompañar competiciones completamente diferentes.

Pero aquel mismo año todavía le esperaba otro escenario.

Y probablemente sea uno de los capítulos menos recordados de su historia.

China 1991: el Etrusco también estuvo en el primer Mundial femenino

En noviembre de 1991 se disputó en China la primera Copa Mundial Femenina organizada por la FIFA.

Doce selecciones participaron en aquella edición inaugural.

Y el balón también fue el Etrusco Unico.

Es un detalle que me parece especialmente interesante porque demuestra hasta qué punto su recorrido ha quedado eclipsado por Italia 90.

Cuando pensamos en este balón solemos regresar automáticamente al Mundial masculino.

Sin embargo, el mismo diseño forma parte también del nacimiento de la historia de los Mundiales femeninos.

Estados Unidos ganó aquella primera edición.

El Etrusco estuvo allí.

Y un año después todavía volvería a aparecer en dos grandes acontecimientos europeos.

Suecia y Barcelona: 1992, el último gran año del Etrusco

En 1992 el balón fue utilizado en la Eurocopa de Suecia.

Aquella competición acabaría protagonizando una de las historias más inesperadas del fútbol europeo: Dinamarca, que inicialmente ni siquiera se había clasificado para disputar el torneo, terminó proclamándose campeona.

Pero para los coleccionistas existe además un detalle especialmente interesante.

Los ejemplares vinculados a la Euro 92 presentan características específicas de la competición (con un cuero diferente al Etrusco Unico del 90 y la marca alemana aumentó a dos años de garantía las costuras y materiales)

Plano en zoom del panel con inscripción Official Ball FIFA World Cup 1990 y European Championship 1992

Detalle de las inscripciones del Etrusco Unico que hacen referencia al Mundial de Italia 1990 y a la Eurocopa de Suecia 1992.

Esto empieza a introducirnos en una cuestión que resulta fundamental cuando estudiamos el Etrusco Unico hoy:

no todos los Etrusco son iguales.

Ese mismo verano encontramos otro magnífico ejemplo.

Los juegos de Barcelona 92.

Para los Juegos Olímpicos apareció una versión con identidad gráfica específica, incorporando el emblema de aquellos Juegos a un diseño que seguía siendo inmediatamente reconocible.

Italia, Chile, China, Suecia y Barcelona.

Pocos balones de aquella generación quedaron asociados a tantos grandes escenarios internacionales en un periodo tan corto.

Cuando un Etrusco Unico no es exactamente el mismo Etrusco Unico

Aquí es donde la historia empieza a resultar especialmente interesante para un coleccionista.

A primera vista podemos encontrarnos ante dos balones prácticamente idénticos.

Mismos leones.

Mismas tríadas.

Mismo nombre.

Misma estructura.

Pero basta empezar a observar las serigrafías para descubrir que pueden estar contando historias completamente distintas.

La producción del Etrusco Unico no estuvo limitada a un único lugar.

Existen ejemplares Made in France, Made in Spain, Industria Argentina y Made in Brazil, además de versiones vinculadas a diferentes competiciones y mercados. También encontramos modelos destinados al fútbol japonés y ejemplares relacionados con el entorno de las cuatro Copas Intercontinentales disputadas en Tokio de 1990 al 1993

En España, por ejemplo, existen versiones oficiales utilizadas en Primera División y producidas como Made in Spain o sin país de fabricación bajo el logo de adidas. Aquellos balones llevan el logo LFP (Liga de Fútbol profesional) y fueron usados desde la temporada 90/91 a la 93/94

Y aquí conviene recuperar algo que explicábamos cuando hablábamos sobre cómo valorar memorabilia:

dos piezas aparentemente iguales no tienen por qué ser la misma pieza desde el punto de vista coleccionable.

En un Etrusco, el lugar de fabricación es muy relevante.

El año de fabricación importa.

La competición importa (y mucho)

El contexto en el que fue producido y utilizado también importa.

No son simplemente palabras serigrafiadas sobre un panel.

Forman parte de su identidad.

Made in France, Made in Spain… ™ o R ¿por qué importan estos detalles?

Para alguien que simplemente quiere recordar el balón de Italia 90, probablemente no importe demasiado.

Para quien intenta identificar correctamente un ejemplar, sí.

Una inscripción de fabricación puede ayudarnos a situar una pieza dentro de una producción, un mercado o una época determinada

Detalle adidas MADE IN FRANCE en balón Etrusco Unico

Lo mismo ocurre con la serigrafía y peso de competición. Los balones empleados en el mundial de Italia 90 y la Euro 92 fueron “Made in France” y con paneles R en pequeño tamaño.

Un Etrusco asociado a Italia 90, uno utilizado en el fútbol español, una versión de Euro 92 o un balón preparado para Barcelona 92 pueden compartir el mismo lenguaje gráfico y, sin embargo, pertenecer a contextos completamente diferentes.

Precisamente, por eso no me gusta estudiar estos balones únicamente por su aspecto general.

Hay que acercarse.

Leer, analizar y estudiar cada detalle.

Comparar la pieza con otras.

Mirar qué idiomas aparecen alrededor de la válvula, dónde fue fabricado y qué características corresponden a esa versión.

A veces, la información más interesante de un balón está escrita en detalles que se nos pueden pasar por alto, el logo de condiciones atmosféricas de adidas, las costuras, el peso del balón. 

Barcelona 92: cuando una variación cuenta otra historia

El balón Etrusco oficial de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 es probablemente uno de los mejores ejemplos para entenderlo. 

Estamos hablando del Etrusco Unico más exclusivo de todos, pues no fue comercializado y su destino fue la competición olímpica. Apenas se conservan piezas en la actualidad.

El balón mantiene inmediatamente la identidad del Etrusco, pero incorpora la imagen gráfica del logo Barcelona 92.

Ya no estamos simplemente ante «otro Etrusco».

Inicialmente, se presentó un modelo para la competición con el logo del trefoil de adidas en gran tamaño y la inscripción “Made in Spain”.

Después de revisar los encuentros de los juegos de Barcelona se usó en competición el modelo del año 92 con la inscripción adidas (sin trefoil) y sin “Made in” bajo adidas…

Estamos ante una versión vinculada a una competición concreta y a uno de los acontecimientos deportivos más importantes celebrados en España.

En Footballs Legacy conservamos un Etrusco Unico de Barcelona 92 cuya historia conocida permite ir todavía un poco más allá.

El ejemplar procede de los balones sobrantes de la sede olímpica de Valencia y fue conservado durante más de treinta años por una persona vinculada a la organización.

Y aquí vuelven a cruzarse dos aspectos que para mí son inseparables en el coleccionismo.

Las características de la pieza y la historia de esa pieza concreta.

Podemos identificar un balón oficial como perteneciente a la competición de Barcelona 92 por sus características.

Pero conocer además la trazabilidad del ejemplar que tenemos delante nos proporciona otra capa de información.

Es la diferencia entre conocer el modelo y conocer el objeto.

El Etrusco Unico también salió del balón

La identidad creada para Italia 90 no se quedó únicamente sobre el césped.

adidas trasladó también el universo gráfico del Etrusco al calzado y al textil.

Las botas incorporaron referencias visuales reconocibles del balón y formaban parte de una familia de producto concebida alrededor de aquel Mundial. La propia adidas ha señalado al Etrusco como el primer balón de un Mundial acompañado por una colección específica de calzado y textil.

Hoy resulta especialmente curioso contemplar juntos un balón, unas botas y una bolsa originales de aquella colección (incluso adidas lanzó una caja específica de presentación para el balón mundialista del 90)

Botas adidas Etrusco Unico Made in France 1990 con etiquetas originales Bolsa adidas Etrusco Unico Italia 1990
Botas y bolsa adidas Etrusco Unico: dos piezas de la colección creada para Italia 90.

Por separado son objetos distintos.

Juntos reconstruyen algo mayor.

Una estética.

Una época de cambio respecto a los 80’s

Una manera de entender el producto futbolístico en 1990.

En Footballs Legacy conservamos también unas botas adidas Etrusco Unico Made in France de 1990, lo que permite observar cómo aquellos mismos códigos gráficos pasaron del balón al calzado.

Para un coleccionista, encontrar elementos distintos pertenecientes a una misma familia permite reconstruir no solo un torneo, sino una pequeña parte de la cultura material que lo rodeó.

¿Por qué sigue siendo coleccionable el Etrusco Unico?

Han pasado más de tres décadas y su valor de mercado sigue subiendo.

Desde entonces los balones han cambiado radicalmente.

Cambió su concepto y país de fabricación.

Cambió la tecnología.

Cambió el diseño.

Cambió incluso la manera en que adidas utiliza un balón para construir la identidad visual de cada gran competición.

Y, sin embargo, el Etrusco continúa siendo inmediatamente reconocible a día de hoy.

Parte de ese interés tiene que ver con Italia 90.

Pero no todo… fue el modelo con el que muchos jugaron y crecieron.

También están su diseño, el recorrido internacional que tuvo entre 1990 y 1992, las diferentes versiones que dejó a su paso y una generación entera de aficionados que lo vio rodar durante algunos de sus primeros grandes recuerdos futbolísticos.

Para quienes nacieron a finales de los setenta o durante los ochenta, hay algo especialmente familiar en él.

El mundial de Italia 90 (René Higuita, la Camerún de Roger Milla, el Argentina vs Brasil, la revancha de la final del mundial del 86…)

Las camisetas de corte clásico antecesoras del estallido de colores de USA 94

Las diferentes botas adidas (Etrusco Unico, World Cup) y de otras marcas (Puma King, Borussia, Mizuno Brazil Pro, Diadora, Lotto…)

Las colecciones e intercambio de cromos.

Los primeros Mundiales y Eurocopas que empezamos a seguir de verdad.

Quizá por eso todavía funciona de una manera que va más allá del propio objeto.

Un balón que recuerda una época

Coleccionar un Etrusco Unico hoy puede significar muchas cosas diferentes.

Puede significar buscar exactamente el balón que recordamos del Mundial.

Puede significar intentar reunir diferentes versiones que también fueron oficiales

Comparar fábricas.

Distinguir detalles de producción.

Encontrar un balón oficial de Barcelona 92.

El de la Euro 92.

Un balón Made in France.

Uno Made in Spain con logo LFP

O simplemente volver a tener delante un diseño que llevábamos treinta años asociando a determinados recuerdos.

Eso es precisamente lo que hace interesantes a algunos objetos deportivos.

Al principio vemos un balón antiguo.

Después empezamos a conocer su historia.

Descubrimos dónde estuvo, cuántas versiones existieron, qué diferencias presentan y por qué determinados ejemplares son especialmente difíciles de encontrar.

Y entonces dejamos de mirar únicamente un balón.

Empezamos a mirar una pequeña pieza de la historia del fútbol.

Hay objetos que recuerdan un partido.

El Etrusco Unico recuerda una época.

— Jose Galdo